23 de noviembre de 2009

Revolución

Frente a la interrupción y la distancia sin explicación me planto y digo "acá estoy". Al principio la situación me paralizó quizás por miedo o por confusión o por las dos.
Luego apareció el dolor y el enojo, y finalmente la calma que me dió el impulso para rebelarme y expresar lo que me está pasando.

Y que sea lo que sea.

9 de noviembre de 2009

Dejar así

"Desde que era gurí, supe que en el Paraísono no existía la memoria. Adán y Eva no tenían pasado.
¿Se puede vivir cada día como si fuera el primero?".
Días y noches de amor y de guerra.
Eduardo Galeano.


A los misterios hay que dejarlos así,
sin preguntar,
decir,
o justificar.

Sólo y todo, es contemplar para no profanar,
recorriendo los caminos internos,
cuidando lo que vaya apareciendo.

Tal vez el silencio es la única manera de honrar,
tal vez el tiempo nos eneseñe algo nuevo,
tal vez duela depertar al caos
y descubrir que no hay nada que entender o conectar,
tal vez simplemente el silencio nos regale el olvido,
dulce olvido, tibio olvido, anhelado olvido (que llega sin espera),
tal vez eso es respetar,
y despertar a la humildad de ignorar.

El regalo del momento.

Y ser nuevos e intensos, cuencos de frescos nacimientos.
Apasionados como una mezcla de fuego y barro brindaremos jugando.
Amando.
Siempre amor brotando por todos lados.

2 de noviembre de 2009

Juego de Otoño

(foto: Alelí "Juego de Otoño")

Disfruto un cuarteto que armoniza unos tangos. La música me lleva a lugares insólitos, y en las letras me subí y viajé hasta tiempos remotos y lugares cercanos. Sensiblemente cercanos, en rosa claro.


Juro que el violín llora, un llanto de trsiteza, otras notas simplemente las navega. La guitarra vibra, hace eco contenta y se luce a la izquierda. El bandoneón que lindo suena, me lo quiero llevar y que suene mientras canto en el baño. Y el contrabajo tímido y grave marca el compás. Y la cantante cargada de sensualidad y talento con su voz me transporta.



Aprovecho las tinieblas para llorar y aportar mi color particular, sin sonar, sin decir, sin pensar. Anónima. Sólo me dejo ir. Aunque sea por un rato, aunque sea domingo, aunque llueva, aunque no tenga razones y que el frío me envuelva. ¡Mierda!.



Y al salir del espectáculo, juro que te vi a la distancia, entre miles de caras anónimas. Nos vimos. Nuestras miradas se quemaron justo en el medio. Intensa. El tiempo se detuvo y el viento te llevó y yo ahí me quedé. O sólo lo imaginé.



Como imaginé que a la distancia que aquella historia se podía reeditar. Fueron las ganas, el entusiasmo de quien quiere creer, de quien se anima a la revancha. Pero el juego no era juego de dos, las reglas las pusiste vos. Y yo jugué sin saber. El anís de lo que fue, ese sabor extravagante, un poco árabe me nubló la visión, empañó el vidrio por el que me asomé.


Y escribí. Y esperé. Y me emocioné al leer tus palabras.


Como una torpe adolescente te congelé como eras allá y entonces (¿Es que no aprendí nada?). Luego el presente, con su propio peso, te trajo fresco disipando la humedad de los recuerdos. Y ya no me gustó lo que ví.


Reconozco que cargué con la ingenuidad de quien anhela, no te puedo culpar (¿es que hay algo o alguien a quien culpar?).


Sólo imaginé y allí quedé. Envenenada, intoxicada (y enterrada) de palabras.