además se puedn apreciar las rayas señalizadoras de la parte olímpica)
La pileta del club tenía forma de cruz, nosotros decíamos que el creador había pensado en los ahogados, en caso de que sucediera una desgracia ya estabas "salvado". En el centro se integraban los 4 polos y cada extremo tenía una funcionalidad y característica específica: en un extremo teníamos "lo bajito" y en el otro "lo hondo" (5 mts de profundidad), allí practicábamos buceo y competencias de resistencia y tiempo de tocar fondo, espera y retorno. Los otros dos extremos eran menos extremos (valga la redundancia) en cuanto a profundidad porque era allí dónde se corrían las carreras. En un extremo estaban "los números" pues tenía el doble de alto la pared exterior lo que permitía tener dibujado con venecitas color blanco (en contraste con las azul francia que completaba el resto) números del 1 al 5 que maracaban las posiciones de los competidores. El otro extremo no tenía nombre pero allí en general jugábamos al "indio" o hacíamos las pruebas para superar los distintos niveles de la escuela de natación.
"Los números" también era utilizado como escenario en el que cantábamos y bailábamos hit´s del momento que finalizaban con piruetas en el aire. Muchas veces me quedaba más tiempo bajo el agua esperando que pase el momento ridículo en el que se me amontonaban carcajadas (y sin querer tragaba agua).
Vivir la vida bajo el agua era fascinante, sonidos sordos, lejanía, movimientos pesados y caos de burbujas era lo que quería para mi vida (también me gustaban los deditos de viejita). El abajo tenía un beneficio extra, privacidad.
Una vez estaba en lo bajito nadando "por abajo" cuando un niño distraído me cayó encima desde la superficie. El golpe fue duro (creo que me raspé la pera con el fondo), lloré mientras me alejaba haciendo "vuelo rasante" sobre el piso (me ayudaba apoyando las manos y empujando). En pleno momento dramático recordé que si tomaba mis lágrimas bajo el agua me convertiría en una sirena, bella, bellísima (y sin raspón en la pera). Busqué con la lengua y no me pregunten cómo pero encontré las lágrimas, me quedé esperando un rato. Miré mis piernas con la esperanza de descubrir escamitas color celeste o violeta.

Lindo recuerdo.
ResponderSuprimirTodos hemos pasado por una època asì.
Buen relato, amiga.
Un abrazo.
¡Oiga! No nos deje así. ¿Se convirtió o no se convirtió? Apuesto diez pesitos a que sí. Esas cosas suceden muchísimo.
ResponderSuprimirMuy bueno.
Un saludo.
Me hiciste acordar al Club de mi infancia.Muy lindo. Gracias!
ResponderSuprimirNo sabía que así es como te hiciste sirena, bella...
ResponderSuprimirLa pileta del club era en cruz. ¡Nunca se me hubiera ocurrido que era para salvar el alma de los posibles ahogados! Ensaye su petit mort ahí. que si le sale mal, se va al cielo
ResponderSuprimirYo creo que se convirtió, pero anda de incógnito...
ResponderSuprimirHola! Qué hermoso post. A mí también me hizo acordar a los veranos de club y a esa especie de magia que aparecía debajo del agua. Era otro mundo, definitivamente. Ojalá te hayan quedado aunque sea algunas escamitas de recuerdo ;)
ResponderSuprimir¡Qué lindo relato!
ResponderSuprimirYo soy del sur, y el club al que iba de chiquita no tenía pileta ya que debía ser climatizada sí o sí para obtener sentido recreativo o, al menos, no provocarte muerte por congelamiento, y... no era muy top el presupuesto como para agua calentita y demás aditamentos.
Me agrada tu narrativa, te sigo entonces.
Besos!
Me trajo un lejano recuerdo: haberme tirado de cabeza en lo bajito. Pero antes de eso no recuerdo nada.
ResponderSuprimirMuy lindo. Un beso.
Qué lindo relato, qué lindos recuerdos.
ResponderSuprimirUna niña poéticamente fantasiosa, por lo visto.
El fondo de la pileta olímpica del Club Junín... y yo atreviéndome a tirarme de cabeza desde el trampolín alto, aunque nadara perro, pero la sensación de ese fondo es inigualable. Cuántos recuerdos!
Qué es jugar al indio?
Un beso, Alelíii
Gracias Gauchito! claro que si, y es lindo de tanto en tanto volver a ella.
ResponderSuprimirYoni, no le puedo decir, es un secreto!!! cómprese una copina de vino con los 10. Gracias.
Sienna, que buenoooo!!! que se despierte la pequeña Siennita.
Joven, el orígen de lo que soy. En un tiempito se viene la gesta de la piquetera! jajaja!
Trapitos, claaaaaaro!!! lo hacía tb en el agua, eh? nos hacìamos los ahogados flotando o bien hacìamos morisquetas pero nunca nadie me tomó en serio! jajaja no es lo mío la actuación.
Crai, lo último que le quitaría es la ilusión.
Routeless, gracias!!! me gusta saber que te hice volver a ese mundo mágico...
némesis, gracias!!! claro en el sur te la regalo...pero ya el hecho de volver al club de tu memoria entibia aunque sea un ratito nuestra primavera. Otra vez gracias por los piropos.
Sir, se lastimó? eso tb me pasó, eh? gracias.
Li, si, mucho sentimiento se depierta con la niñez. Ah! acá tenemos una valiente...qué genial! me gusta pensar qué de aquella niña sobrevive hoy? El indio era un juego en el que uno se ponía en el medio de la pileta mientras que todo el resto en una de las paredes. Cuando el indio decía "ya" todos tenían que nadar hasta la otra pared que era la "casa". Aquel que era tocado debía permanecer flotando en ese lugar y a partir de allí era otro "indio" que debía conseguir más adeptos. Y asì...hasta que sólo quedaba uno sin ser "tocado".
Beso beso para todos y muchas gracias por festejar a mi pequeña yo!
Justo hoy que tenía como tarea volver a la infancia.
ResponderSuprimirEl agua lo es todo!
Me encató!!! qué cosa más linda el agua.
ResponderSuprimirMe encantó verte ahí viendo crecer tus escamitas.
Besos
Charlotter, se vienen más! el agua es lo más!!!
ResponderSuprimirTaio, linda, gracias!!!
BESO BESO
Bonitos recuerdos.
ResponderSuprimirte invito a mi nuevo blog
Brisa poética, que abrí para escribir algo diferente.
feliz fin de semana.
Qué lindo que hayas comenzado con eso de descubrir recuerdos tan lindos como éste, chica burbuja, mujer sirena. Un beso.
ResponderSuprimirUd. lo cuenta todo maravillosamente, pero no sé si es tan buena esa mutación a mujer-pez, "La Sirenita" debe ser uno de los cuentos más tristes que leí en mi infancia.
ResponderSuprimirSaludos, Alelí.
Ricardo, gracias.
ResponderSuprimirCaia, holaaaa jajaja mirá, vos le diste en la tecla con el apodo. Qué pasó con los blog´s? ahora no está uno y el otro no tiene posibilidad de comentar, no?
Rob K, muy generoso de su parte. Es triste, supongo pero más triste estaba yo, también lo supongo.
Besos besos
"sonidos sordos, lejanía, movimientos pesados y caos de burbujas" Que lindo estar abajo del agua.
ResponderSuprimirHermosa la anécdota :)! yo amo nadar. Ahora no lo hago tanto como quisiera.
ResponderSuprimirRecuerdos que me trae de los miedos a tirarse de una.....y luego de no querer salir nunca más. Un beso!
ResponderSuprimirHoy venìa pensando con que simpleza una encuentra algunas respuestas a lo que somos en los recuerdo.
ResponderSuprimirUno ha tomado la distancia apropiada para hacer el relato simplemente de lo importante.
Bello relato, Sirena!!!
No sé si para ser sirena, el requisito indispensable sea tener una cola...quizá haya otros.
ResponderSuprimirCaro, ufffffff me fascina.
ResponderSuprimirJulieta, me alegro que te guste. Llená la bañadera y disfrutá de lo que se pueda ya vendrán otras épocas.
Dany, si! hasta temblar con los labrios morados.
Magah, es así, mucho de nosotros está allí y aquí. Es muy emocionante vernos así. Gracias!!!
Kitty, me gusta lo que planteás, y cuáles te imaginás?
BESO BESO